jueves, 23 de septiembre de 2010

Fragmentos. (cuento corto)

Él no fue nunca un hombre sencillo. Jamas se detenía mucho tiempo en intentar averiguar por donde le llevaría su vida, si no más bien, donde le dirigiría su convulsa imaginación.No era de esas personas que se vistiesen por los pies por la mañanas. En realidad preferiría andar desnudo por su casa hasta que alguna visita incomoda le empujaba a seguir las normas del pudor y a salir de sus ensoñaciones.
Comenzó muy temprano la aventura del "amor", demasiado pronto dirían algunos. Era apenas un crío cuando experimentó la dulce sensación de un beso. Eso si, no le pareció nada extraordinario. No fue un beso como aquellos de las películas dominicales en blanco y negro. Fue torpe, corto y desalentador. No creía que fuese algo que recordase toda su vida, como tantas veces había oído decir del primer beso.Algún tiempo después, llego su primera experiencia sexual. Y el resultado fue el mismo. ¿aquello era todo?, ¿esto era por lo que los hombres perdían la cabeza?. Paso el tiempo y como casi todo en la vida, fue cambiando. Aquella primera chica se queda varada en algún lugar de su amplia memoria emocional, no sin antes pedirle un favor. - me voy de tu lado. Le dijo. -pero como recuerdo de este tiempo pasado en común, quiero algo tuyo, lo que tu decidas. Él pensó y pensó. Ya le había regalado sus torpes palabras a modo de poema, incluso le regaló un anillo fabricado con los cristales de sal de sus lágrimas el día que ella decidió abandonarlo. Miró el cielo nocturno, y al contemplar el plateado halo de la luna, que estaba en cuarto menguante, supo que darle a aquella que se marchaba de su lado para siempre. Abrió su pecho saco su corazón y arrancando un pequeño mordisco, se lo entrego y después se dio la vuelta para no volver a verla jamás.

El tiempo, siguió transcurriendo inexorable. El pecho le dolía de vez en cuando, pero no creyó que le diese problemas.-Tengo un corazón muy grande. Pensó. Algunos mese después volvió a sentir la maravillosa sensación de estar enamorado. Una chica libre como el viento, que tenia una curiosidad insaciable. Las noches de aquel verano se convirtieron en largas charlas sobre los mas diversos temas, y él la escuchaba embobado, impresionado por todo aquello que ella le contaba y le preguntaba. Aquel estío se agoto entre risas y charlas, y ella considero que ya no podía seguir satisfaciendo su curiosidad en aquel lugar ni junto a él. En el momento en que ella se disponía a emprender su viaje, la llamó a gritos, y le dijo: -he aprendido mucho a tu lado, he bebido en las fuentes de la poesía y la filosofía, justo es, que yo también te de algo. Y abriendo su pecho por un lugar distinto al anterior, se arranco otro trozo del corazón, y envolviéndolo en un pañuelo se lo entrego. Ella, lejos de verlo como un gesto de amor. Se sentó en su butaca del autobús, y curiosa se puso a observarlo, como si de otro libro que leer se tratase. esta fue la ultima vez que la vio, mientras se alejaba, rumbo a nuevos conocimientos que descubrir.

Todo aquel año, y el siguiente, fueron duros, porque su corazón mutilado, no funcionaba como debería, aun así, siguió viviendo, alternado entre la melancolía y la dicha, como se suceden el día y la noche en la vida de todos los nacidos.

Sentía de vez en cuando unas terribles punzadas en el pecho, pero estas, se veían mitigadas por nuevos amores que se cruzaron en su camino. Algunos de ellos fueron dulces y apasionados como un recuentro largamente esperado. Otros en cambio, se llevaron de él mucho mas de lo que dejaron. Y siempre, sin excepción, se llevaron un pedazo de su órgano mas valioso cuando lo abandonaron en el camino, cansadas todas de un poeta sin versos, de un amante con los besos marcados, como los naipes de una partida de poker en la que ya no había nada que ganar.

Aunque el amaba con rabia, y se entregaba como si no hubiera un momento que perder, fue echando en falta, aquellos pequeños fragmentos de corazón de los que se había desprendido desde que siendo apenas un niño, diese aquel primer beso, torpe y desalentador.Llego un día en el que su alama estaba colmada de besos y abrazos, de sentimientos encontrados. De perdidas y encuentros, de promesas incumplidas y ruegos no escuchados. él vació su alma a la par que su corazón iba menguando, tal y como aquella luna que le inspiro la primera vez. Hasta el punto que notó que le faltaba el aliento, que la sangre no llegaba a todos aquellos puntos que debería, y en ocasiones, la sensación de debilidad era tan acusada, que incluso le faltaban fuerzas para besar los labios inseguros de aquella que ocupaba el minúsculo fragmento de corazón que le quedaba y que estaba situado ahora en un pecho demasiado vacío. Ella era una mujer de fuertes contrastes: Fuerte e insegura, bellísima, aunque esa belleza no se reflejaba en su espejo, aunque si todos los demás. Tierna y dura, rica en experiencias y pobre de espíritu por una vida demasiado dura, que no se correspondía con unos ojos tan sinceramente nobles. A pesar de amarla con todo lo que le permitía sentimiento mutilado, ella pedía y pedía, tanto como él lo había hecho en el pasado. Al conocer y comprender perfectamente lo que se retorcía ansiosamente en el interior de ella, decidió, entregarle el pedacito que guardaba, como un avaro usurero. Pensó que así aliviaría las inseguridades de aquella que le había hecho sentirse virgen de sentimientos. Pero cuando abrió aquel pecho, que más bien parecía un campo de labranza donde se hubieran sembrado cicatrices, descubrió con sumo dolor, que apenas una débil porción del que antaño había sido un brioso motor. Intento extraerlo, más pago con un desvanecimiento su osadía."-Es ella y esta aquí, pensara que no la amo, que no la correspondo, me abandonara y ni siquiera podrá llevarse un trocíto de lo que soy. Me olvidara como olvida el alba a la noche." Mientras estas ideas se arremolinaba en su torturado cerebro, vio en un callejón, el cuerpo inerte de un gato pardo, que caminaría silencioso sin duda alguna, por los soleados palacios de Bats, desde hace al menos dos días. Las cuencas de lo que otrora fueron dos orgullosos y desafiantes ojos de fuego, servían ahora de corrupto cubil a las larvas, que en su febril socavar, había devorado ya la mitad de la cabeza. Aquel hombre sencillo, que jamas se detenía mucho tiempo en intentar averiguar por qué derroteros le conduciría la vida, se sentó piadoso ante el cuerpo del felino, y abrió de un certero tajo, el pecho de la pobre bestia. Arrancó el corazón, que aun estaba caliente porque es la vasija donde se deposita la pasión de los gatos, y lo envolvió cuidadosamente en un paño. Aquella misma noche, fue a buscar a su amada, que impaciente lo aguardaba. Se puso sereno frente a ella, y depositando un beso en aquella frente intranquila, como las aguas de un riachuelo en el deshielo primaveral, le entrego el presente, y le dijo, intentando en vano parecer seguro:

Aquí tienes el ultimo fragmento,
aquí mi alma, mi orgullo, mi aliento,
te entrego el recipiente de un alma torturada
ahora es para ti,
mi corazón, mi vida, mi última amada.

Ella recogió el paño manchado de sangre y aun tibio como una mentira, y posando una ultima mirada, sobre esos ojos que había jurado mil veces no dejar jamas de adorar, se levanto y lo dejo allí solo, manchado de esa soledad, que solo sienten aquellos que han amado y perdido alguna vez.La espero, durante toda la noche, que debió durar dos o tres noches seguidas, sintiendo toneladas de horas sobre su pecho ya agotado. El sueño le encontró llegando ya el alba, y durmió y durmió. No recordó ningún sueño aquella velada, más supo al despertar que no había descansado, y el sudor empapaba su cama solitaria. Esa misma cama donde había devorado mil veces a aquella mujer ahora ausente.Preocupado por la tardanza de aquella que se había marchado con el corazón de un gato anónimo, fue a buscarla a su casa. Ésta, estaba situada en el punto más alto de una colina, porque su dueña pensaba que estando tan alejada de mundo, las penas no se tomarían la molestia de ir hasta allí a molestarla. Cruzó el umbral de la vieja puerta, y su sangre, escasamente bombeada, se quedo estática en sus venas. En esas mismas venas llenas de remiendos que apenas le mantenían en pie.Colgada de una viga del techo de salón, pendía el cuerpo de su ultima amada. Había elegido un vestido blanco casi transparente, quizás para convencer al barquero de que le dejase pasar. A sus pies, ya helados había una nota escrita apresuradamente, y llena de borrones producidos por las lágrimas de los últimos momentos. LA cogió delicadamente, como si se tratase de un tomo sumamente antigua y valioso, y lo leyó a través del prisma de sus lágrimas:

"No me amas, jamas lo hiciste. este corazón es pequeño y esta podrido, no podría caber en él, todo el amor que decías sentir por mi. Es un corazón cálido, si, pero estaba ya muerto antes de que te lo arrancases del pecho. Adiós."